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Érase una vez un romance violento (parte 1)

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POR Nayeli Hernández @nashenlaciudad

Él era un caballero, amoroso, entregado. Ella, dulce, inteligente y muy trabajadora. Una pareja envidiable, pero lo que ves de las puertas del hogar para afuera dista mucho del infierno que se vive adentro. Hubo muchas señales que Renata no vio o decidió ignorar. Como cuando Tavo la presentó con sus papás y dijo : “Es una inútil, no sabe cocinar ni nada de la casa, pero es de las mejores en su trabajo.” Llamarla inútil por no haber desarrollado ciertas habilidades, más que ser una grosería era una señal de violencia. Durante un par de años Renata cambió su manera de vestir, comer, arreglarse e incluso de expresarse. Tavo le hacía comentarios como : Acuérdate que yo soy quien tiene buen gusto. No es que seas bonita, eres la menos fea de tus amigas. ¿Para qué quieres hacer ejercicio, a mí me gustas así? La violencia psicológica es un conjunto de comportamientos agresivos de dos facetas: activo y pasivo. En el caso del activo, es un trato denigrante y continúo atacando a la persona, justo como comenzó el de Renata. En la faceta pasiva, es la falta de atención hacia la víctima, cuando esta depende del agresor. Estas señales no fueron concientizadas, se casó con Tavo y las frases cambiaron a: ¡Inútil, no sabes hacer ni un huevo! Cuando venga mi mamá le diré que arregle esa cocina. La limpieza aquí la tienes que hacer tú, no vamos a contratar a alguien. Esto resonaba en la cabeza de Renata, la agobiaba y se ponía nerviosa. Cuando hacía alguna labor le daba pavor y prefería hacer todo sin él. Era tanta su inseguridad que aún sabiendo que tenía qué hacer, se equivocaba. Estando de buenas él era todo amor, pero de malas los insultos no paraban. Ella buscó refugio para los gritos en la comida y subió de peso. Un día él le dijo : “Estás más gorda, en la cama ni te mueves, en buena onda por qué quieres ser gorda si puedes ser bonita.” Renata decidió ponerse a dieta. Él le ofrecía comida y le repetía que la amaba como era. Un sube y baja de emociones. Renata fue ascendida en el trabajo lo que implicó horas extras, lo que trajo más discusiones a su relación. La violencia psicológica es la antesala de la violencia física. El maltrato, la manipulación y amenazas llegan a tal punto que la mujer se cree incapaz de poder defenderse. Tavo, el agresor, se sentía muy inseguro. Su mujer ganaba más que él y aunque él disfrutaba los beneficios de ese sueldo, su hombría era frágil . Empezó a llamarle constantemente, si no contestaba no paraba hasta conseguirlo y de nuevo las frases cambiaron : ¿Con quién estás? Prefieres estar ahí que conmigo. ¡Si no vuelves ahora, te voy a buscar y les diré a todos que eres una puta y por eso tienes el puesto! Por temor a que realmente fuera a buscarla, salía corriendo del trabajo. De repente se vio aislada, sin amigos, sin familia y sin ninguna otra relación que no fuera Tavo y su familia. Se sentía encerrada sin estarlo físicamente. No veía el por qué dejarlo, no le pegaba y no la pasaba mal todo el tiempo, solo procuraba no hacerlo enojar. Así es como una persona sometida al abuso emocional acaba siendo invisible, sintiendo que no puede hacer nada para salir de ahí. Se crea una relación de dependencia donde percibe que no puede escapar. Esta mentalidad aumenta a medida que pasa más tiempo con maltrato psicológico. Si tú te has sentido identificada con la historia de Renata o incluso te han dicho frases como las aquí mencionadas, no estás sola y estás a tiempo de frenar la violencia. Escríbenos a [email protected] o contacta al Centro de Justicia para mujeres.

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