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Secuestró mi maternidad

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Por: Anónimo

La gallina del huevo del… ¿patriarcado? Estábamos casados cuando sospeché estar embarazada, así que fuimos a hacerme los análisis, tuvimos que ir a escondidas a un laboratorio porque nadie debía enterarse. Nunca lo entendí, o más bien, me asustaba tanto que preferí no cuestionarlo. Realmente le admiraba y confiaba en la manera en que él siempre me explicaba las cosas; decía cuidar de mí y haberme salvado. El resultado fue positivo, comenzaron las bromas y los comentarios por el sexo del bebé. “Tiene que ser niño, eso salvaría la historia familiar y se reestablecería el “orden sistémico” al haber un varón primogénito que se colocaría como el heredero. “ Él me decía que de ser niño, podría enderezar el destino de la familia entera, siempre me habló de la tragedia al haber nacido varón pero no primogénito. Sentí una presión grande sobre mí, me trataban en su familia como la gallina de los huevos de oro. Los futuros abuelos nos proveían sin limites para hacer compras pre bebe en el extranjero para que tuviera la más exclusivo. Se invalidaba mi sentir y se sobreponía el valor de que mi hijo fuera varón sobre la felicidad de simplemente ser madre y formar una familia. La atención era para “lo que yo llevaba en el vientre”. - ¿Será hormonal?, me intentaba explicar... Parecía ser una historia pasajera, como un chiste, no puede ser real… seguro la idea pasará. Parecía ser de otro siglo. La sobreprotección por parte de los abuelos creció. Días antes de que naciera ya me habían impuesto una niñera porque para mí sería demasiado trabajo, necesitaría ayuda y más cuando mi exmarido continuaría con su trabajo. ¡Qué afortunada!- me decían, no tendrás que preocuparte de nada. El sentirme “cuidada” cubría el hecho de no poder estar a solas con mi hijo. Sin darme cuenta, mi maternidad ya había sido secuestrada y mi voz silenciada. Mi hijo nació sorpresivamente el día del cumpleaños de mi exmarido, así que tenía que lidiar con los celos de mi exmarido por encima de mi hijo, porque la atención de los abuelos se volcó sobre el nieto. Mismo nombre, mismo apellido, mismo cumpleaños, tercera generación. Cada paso, una dosis más alta de dolor avanzaba. “¿Que no quieres lo mejor para tus hijos?”, me lo decía cuando con temor descubrí que había tramitado a escondidas las residencias de mis cuatro hijos en el extranjero. Claro, yo no era parte del plan. Sentí pánico. Cuestionar sus decisiones, me convertía en una egoísta y una mala madre. Mi maternidad se moldeó de esta manera. Entendí que “Lo mejor para mis hijos” era para algunos que yo no fuera la madre. Hace casi dos años, mientras comíamos con los de profesores de yoga que contrató para formarse como maestro, dijo: “Yo ya tengo al varón, es lo que más me importa” “Estará bromeando, seguro”. Me decía a mí misma para silenciar el dolor que provocaba en mí escucharlo. Encontró una escuela en la India para que mi hijo se fuera y el abuelo le apoyó para continuar con la tradición en la que los varones estudiaban en el extranjero. Si me veía llorando me hacía sentir loca: “Si te vas a estar poniendo así, mejor piénsalo. Sólo hago lo mejor para él.” “¿No quieres lo mejor para tu hijo? Dímelo y no va.” “¿No dices que el yoga te ha servido, no quieres que él lo aprenda?” “¿No quieres lo mejor para él?” “¡Esto es muy fácil, yo voy a ser yogi contigo o sin ti! Lloré con desesperación: ¡¡¡SÍ, sí quiero lo mejor para mis hijos!!!. Entonces que no te vean llorar, me decía. Mi hijo se fue, y se dio un milagro. Comenzó a llamarme y nuestra relación floreció. A pesar de estar tan lejos. Me contaba sus miedos, sus secretos y aventuras. Fue duro, pero también resultó asombroso lo que había aprendido: comenzó a encontrarse con él mismo, con su potencial, y perdió interés por las cosas materiales. Supe que era muy valorado en la escuela y se sentía querido. Todo lo que lograba lo hacía sin la sombra de su padre y de su abuelo. En cuanto mi ex se dio cuenta, comenzó de nuevo en mi contra: “Seguramente me vas a dejar”. “Ustedes dos me hacen a un lado.” Parecía olvidar que él mismo decidió enviarlo a la India. Sus ganas de controlar todo lo llevaron a decír: “Me voy por él”. Así que tramitó la visa a escondidas. Me dijo que era una emergencia por el nuevo virus. Me prohibió ir… El ser marginada, mientras veía vía fotos el reencuentro de mi ex esposo con mi hijo me desestabilizó. Mi ex esposo se llevó a mi hijo a escondidas y con engaños, “tener el varón” para el significaba aislarlo de mi como madre y de sus hermanos/as. Este agresor preparó al mayor desde pequeño para el día en que lo separaría de mi. Solo al mayor, con quien mi maternidad secuestró. Solo al varón, al que le ha prometido heredar sus dos Mustang rojos,haciendo a un lado a su hermana o hermanos. Solo al nieto mayor que lleva el apellido, el que ha crecido con el privilegio de ser varón desde bebé, al que en especial su abuelo le ha prometido poder poseer todo lo material que pueda desear. A quien le han prometido salvarlo de mis cuidados; “Si tu mamá te regaña, tú dime y yo te salvo”, “si tu mamá no te da permiso, tú dime y yo te lo compro”. El que ha dormido solo durante su infancia separado de sus hermanos y de mi por las teorías de mi ex basadas en “astrología”. Recordé cuantas veces me decía: “¿Qué no quieres lo mejor para él?” “Lo mejor es que duerma en la altura, en las montañas; por lo menos en la litera, en una cama muy alta” - En el cuarto más alejado de todos. “Hay que proteger su aura, es lo mejor para él y su sistema nervioso”, “¿no ves que se pone nervioso?” Cuando la cabeza se calma después de tanta agresión y confusión, se visualiza la verdad: Todo fue planeado. El proceso para recuperar a mi primer hijo será largo. Implica hacerle frente a un sistema familiar totalmente patriarcal: el abuelo no quiere soltar a mi hijo, al primogénito varón que lo va a suceder en el “reinado” como de otro siglo. Todas las veces que la gente me decía lo afortunada que era, fue mentira. Mi intuición fue acertada, fui escogida únicamente para parir. Ni el padre ni el abuelo piensan en que un niño necesita a su madre. Tienen los recursos suficientes para ganar tiempo, para que mi desesperación y desgaste les jueguen a favor. Nuestra intuición suele ser una buena guía. Es esa voz interior la que nos permite desarrollar auto-cuidado. En medio de mi proceso quiero decirte que sé lo difícil y duro que es tener que tramitar con tu agresor cuando hay hijos e hijas de por medio. Pero en medio de mi tormenta quiero animarte a que levantes los brazos, a que sigas luchando, que te escuches y des los pasos necesarios para romper con esta rueda de violencia que no solo nos ataca como madres sino a todos los y las integrantes de nuestra familia.

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