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Sobreviviendo
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POR @nashenlaciudad

Siempre he considerado un privilegio haber nacido en México, su cultura, paisajes, fiesta y sobre todo gastronomía me tienen enamorada. Es mi país y está lleno de tradiciones; la más importante de ellas “la familia”. Yo nací en el seno de una familia naturalmente tradicional. Mi papá, un hombre de valores y viejas costumbres inculcadas por mis abuelos, pareja conformada por una española y un guanajuatense que se conocieron por ahí de los años cuarenta. Mi padre no pensaba en casarse, solo quería vivir con mi mamá para formar una familia, pero eso no era “lo correcto” según mis abuelos, por lo que llevaron a cabo todo el ritual de la boda, incluyendo la ceremonia religiosa para que Dios bendijera el amor que se jurarían por la eternidad. En el momento en el que nací, por el simple hecho de ser mujer, tuve que asumir ciertas conductas indicadas por mi papá, debía usar vestidos, no ensuciarme, no jugar juegos rudos (de hombres), debía mantenerme quieta, siempre portarme bien, ni hablar de la manera de sentarme o comportarme en la mesa. Recuerdo que una de las cosas que más me emocionaba de niña era ir a su oficina y que ahora de adulta cuando lo visito aún resuena en mi cabeza esta frase que siempre me decía para poder acompañarlo; si me quieres acompañar vístete como niña y ponte un vestido. Conforme fui creciendo recibía claros mensajes de lo que debía ser una mujer: la casa debería estar más arreglada, le hace falta un toque de mujer... ahora que vivo sola tengo cuadros, muebles y múltiples objetos decorativos, - siento que es una forma de llenar vacíos-. (Dato: Mis padres se divorciaron) Mantuve una cercana relación con mi él y el día que se enteró que me quedaba a dormir en casa de mi novio le surgieron dos inquietudes muy grandes, 1. si me iba a casar con él. 2. en caso de que la primera respuesta fuera negativa; qué pasaría si mi siguiente novio se enterara que ya me quedaba en casa de este chico. Mi respuesta fue: “no lo sé porque llevamos solo 10 meses de novios, pero en caso de que no nos casemos, tú le vas a decir a mi siguiente novio que me quedaba en casa de él - el anterior novio - porque yo no pienso decir nada.” Lo correcto, bajo los cánones machistas del heteropatriarcado tradicional, es que las mujeres lleguen vírgenes al matrimonio, pues es un símbolo de pureza, ¡oh gran golpe de realidad para mí papá!, que además tuvo que escuchar que no tenía la intención de casarme. Al pasar los años y luego de una larga relación, resulta que sí me fui a vivir con mi novio, pero no nos casamos, a los ojos de mi padre “vivíamos en pecado”, y algo igualmente grave era que compartiríamos los gastos; ¿cómo, lo vas a mantener? Para mí lo más natural fue pedir su ayuda para que fuera aval en la renta del departamento y yo poder dar este paso en mi vida. No le pedía dinero, solo que me diera una firma y me prestara las escrituras de su casa.( ya lo había hecho con mi hermano, no veía mayor complicación) su respuesta fue; Tengo que ayudar a tu hermano porque él es hombre y tiene que mantener una casa, a ti no te voy a ayudar a mantener a un huevón, las cosas no son así, él debe de pagar todo. Otra típica respuesta del heteropatriarcado, porque antes los hombres salían a trabajar y las mujeres se quedaban en casa, pero eso hace años que cambió, además de que el dinero ya no alcanza, las mujeres estamos buscando una equidad tanto en el campo laboral como en las labores del hogar. Cuando pensé que ya no podía sorprenderme más con sus comentarios machistas y, pensando que al verme felizmente no casada - porque me separé -, con un departamento y buen trabajo se sentiría feliz por mí, en una conversación casual de desayuno dominical me dijo; No entiendo por qué vives sola y no te regresaste a vivir con tu mamá, lo correcto sería que el dinero que gastas en renta se lo dieras a ella. Y cuando le conté que no tenía planeado tener hijos agregó; Para mí la verdadera realización de una mujer es cuando se hace madre, yo sé que tú no piensas igual, pero para mí un hijo hace completa a una mujer. Posiblemente en este punto ya estés odiando a mi papá, porque que me haya titulado con mención honorífica, haya conseguido empleo desde 8vo semestre de la carrera, tenga publicado un artículo en una de las revistas más importantes de política y sea una mujer independiente, pero sobre todo feliz, no es suficiente para ser una mujer realizada. No lo culpo, fue educado así, el país entero ha sido educado así, construyendo una sociedad donde los hombres son valorados por sus logros profesionales y las mujeres por ser buenas madres, esposas e hijas,. Te cuento que la última duda de mi papá fue; ¿crees que te vayas a casar algún día o te vas a quedar sola? Mi respuesta fue sencilla; no sé si me voy a casar, pero sola no voy a estar. Tras esa pregunta iniciamos una muy enriquecedora conversación en la que yo, en lugar de odiarlo o juzgarlo entendí su contexto y desde ahí intento hacerle ver el valor y rol de la mujer y el cambio en la sociedad. Pero este cambio, de la sociedad, de los hombres y del machismo no se dará de un momento a otro, pero está en nuestras manos lograrlo, cueste el tiempo que cueste.

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