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Vivir la violencia de género en pareja

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POR Michelle Rodríguez Chiw @michellerchiw

Podría arriesgarme a afirmar que la mayoría de las mujeres en México hemos experimentado algún tipo de violencia, psicológica o física; sin embargo, no todas hemos denunciado o hablado de aquellos maltratos discretos que hemos recibido por parte de nuestras parejas o incluso de nuestros padres. La violencia puede estar oculta en palabras o acciones sumamente normalizadas, al grado que necesitamos de un proceso de deconstrucción para percatarnos de que, en efecto, hemos experimentado violencia de género. El hablar de un suceso que involucra violencia no es sencillo, por lo que una mujer que busca compartir sus experiencias respecto al tema es alguien que ha lidiado antes con las emociones que generan esos recuerdos oscuros y tormentosos y, de hecho, muchas veces la idea de exponer estas anécdotas es llegar a otras mujeres con historias similares. En esta entrevista, “Claudia”, que trabaja en el Instituto Nacional de Pediatría haciendo una hermosa labor con niños, nos comparte su experiencia de violencia, lo observado en su infancia y finalmente como una terapeuta feminista cambió su manera de vivir las relaciones, su percepción del hombre “ideal” y el amor romántico. 1. ¿Cómo ha sido para ti ser mujer en México? Para mí, ser mujer en este país ha sido tener que enfrentarme a muchos obstáculos tanto a nivel profesional como personal; es enfrentar acoso y hostigamiento callejero y laboral. Incluso estuve rodeada de hombres que muchas veces se hicieron llamar mis “amigos”, pero tenían intenciones que explicaban su trato cordial nada desinteresado. Uno de los hechos que tengo que experimentar a diario es el miedo de salir del trabajo (no importa la hora que sea) y tener que cuidar mi forma de vestir porque no sé cuándo alguien me faltará al respeto. 2. ¿Consideras que te convertiste en feminista por medio de tu propia historia? Creo firmemente que uno no nace siendo feminista, uno se hace feminista por las diversas experiencias que la vida trae consigo. Mi historia, por supuesto, que me ha hecho inclinarme hacia el feminismo, también ver y saber tantos casos de chicas maltratadas, violentadas e, incluso, asesinadas. Se necesita cuestionar lo preestablecido para defender todos aquellos derechos que nos pertenecen por el simple hecho de ser humanas. 3. ¿A qué edad viviste por primera vez una situación de violencia? A los 19 años viví por primera vez situaciones de violencia psicológica y micromachismos de los cuales no me daba cuenta. Conforme fue pasando el tiempo incrementó a violencia física y a circunstancias que cambiaron mi forma de ver el amor. 4. ¿Cómo y cuándo te percataste de que estabas sufriendo violencia? Pues no me percaté de la violencia psicológica al comienzo, sino hasta que la psicóloga feminista con la que acudí me abrió los ojos. En ese entonces, tenía 20 o 21 años, sólo había observado la violencia física que estaba viviendo con mi pareja. 5. ¿Qué clase de situaciones viviste para poder dejar de manera definitiva esa relación violenta? En la última pelea que tuvimos (por la cual decidí terminarlo) abrí los ojos. Ese día empezamos a discutir y a pelear en su carro (no recuerdo con exactitud de qué era la discusión), pero yo le mencioné que no me sentía cómoda con la situación y que por favor me llevara a mi casa. Me dijo que no me iba a llevar, arrancó el coche y me privó de mi libertad intentado llevarme con él. Me encontraba desesperada en aquel momento, así que di un volantazo para desviar el coche: nos estampamos contra un árbol. No nos pasó nada grave, mas él me comenzó a jalonear, insultar y a darme fuertes golpes en los brazos. Me defendí y, por fin, me decidí a dejarlo, a acabar esa relación en donde la manipulación estaba presente a diario. 6. ¿Cómo fue el proceso después de haber sufrido violencia? No fue sencillo, pero muchas personas, entre ellas mis amigas y mi mamá, siempre estuvieron apoyándome. Existieron ocasiones en las que creía que mi forma de vivir el amor jamás sería diferente, pero siempre viene algo mejor, se los aseguro. Estuve varios años en terapia, en relaciones nada sanas, pero al final todo es parte del mismo proceso de cambio y crecimiento. 7. ¿Llegaste a pedir ayuda psicológica? He tomado terapia psicológica la mayor parte de mi vida y, afortunadamente, cuando estaba en esa relación empecé a ir con una terapeuta feminista que empezó a apoyarme. Me mostró que ningún tipo de violencia es aceptable en una pareja. Sí tardé mucho en dejar esa relación por miedo a quedarme sola, porque creía que mi violentador me amaba. 8. ¿Qué suceso marcó tu vida respecto a la violencia de género? El suceso que más ha marcado mi vida fue el matrimonio de mis papás; ya que fue un matrimonio en donde hubo alcoholismo, violencia e infidelidades. Inconscientemente repetí el patrón en mis relaciones posteriores. 9. ¿Puedes observar algún patrón en tus relaciones pasadas? Sí, en mis siguientes relaciones escogí a hombres con problemas de alcoholismo y mujeriegos. Luego de tomar terapia pude empezar a ver focos rojos en los hombres con los que me relacionaba y poco a poco evitarlos para romper con esos paradigmas o problemas que acarreaba desde mi entorno familiar. 10. ¿Qué le dirías a otras mujeres que están buscando ayuda? Yo les diría que no abandonen esa ayuda que están recibiendo de personas cercanas. Al principio cuesta trabajo cambiar y abandonar todos esos patrones que adquirimos en nuestra niñez, pero con el tiempo vamos agarrando valor, o bueno, al menos eso me pasó a mí, y nos damos nuestro valor también, hasta que podemos ser capaces de cambiar nuestra propia historia. Cuando asumimos que merecemos respeto, amor y estabilidad, nuestras relaciones cambian demasiado. Ahora estoy con alguien que me ama y respeta, nunca es tarde para tomar nuevos caminos. El género es un factor determinante cuando se habla de violencia. Con las respuestas anteriores se puede ver que estos elementos patriarcales que vemos desde chiquitas pueden llegar a reproducirse en nuestras relaciones. Busquemos ayuda con personas de confianza y terapeutas que hagan más sencilla nuestra transición por la presente realidad llena de violencia. Nuestros actos pueden cambiar nuestra vida y la de otras mujeres: no dudemos nunca que nuestras pequeñas contribuciones permitirán construir un mundo mejor para las generaciones futuras. Si nuestras acciones diarias pueden transformar a la violencia en un recuerdo lejano, actuemos, una vez más, sin cansancio. Si tú te has sentido identificada con la historia de Claudia, no estás sola y estás a tiempo de frenar la violencia. Escríbenos a [email protected] o contacta al Centro de Justicia para mujeres.

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